La Pedagogía Transformadora

PREFACIO del método pedagógico de Mª Victória Subirana

“LA PEDAGOGIA TRANSFORMADORA”

A efectos prácticos, los principios de esta Pedagogía Transformadora tienen su inicio en el año 1988 cuando viajé por primera vez a Nepal y me di cuenta de las condiciones miserables en las que viven los niños marginados de Katmandú: los parias, los intocables, los sin techo. El impacto que recibí me motivó para establecer un sistema educativo que utiliza la escuela como medio para promover cambios positivos en el individuo y en la sociedad. Por tratarse de niños con una autoestima muy deteriorada, debido a los muchos abusos que reciben de una sociedad que a menudo no los acepta y les margina, me interesé especialmente en estudiar el origen de sus problemas, yesos estudios me llevaron a entender que la mayoría de ellos tenían dañado el sistema emocional, la capacidad de relacionarse correctamente, la seguridad en sí mismos, los medios de expresión y, sobretodo, les faltaba lo más importante para que pudieran responder a unos estímulos educativos adecuadamente: el amor.

Eran niños incapaces de recibir ni de dar amor, y como consecuencia desarrollaban toda clase de conductas agresivas y de hábitos insanos. Luego supe que este tipo de actuaciones no correspondían a la voluntad intrínseca del niño para hacer daño, o para crear problemas, sino que eran debidas a su «inmadurez mental».

Fue entonces cuando me di cuenta de que esta asignatura, «Maduración mental», tenía que ser integrada dentro del currículo educativo de la escuela. Me di cuenta de que la adquisición de un hábito, o una conducta, por ejemplo, el hábito de no decir mentiras, si la persona no se ejercita emplea el tiempo necesario en ello todos los días, con un maestro adecuado, si las actividades para que el niño aprenda alternativas a no decir mentiras, no forman parte del currículo educativo, el niño, en primer lugar, no será capaz de diseñar su mente para identificar las consecuencias negativas que una mentira puede llegar a producir en su vida, y los sentimientos que experimentan las demás personas cuando saben que se les ha mentido, que pueden ser los siguientes: rabia, dolor, desconfianza, rechazo, inseguridad, decepción, irritabilidad,etc. En segundo lugar, si al hecho de «no decir mentiras» no se le da la misma importancia en la escala de valores de la escuela que al hecho de aprender matemáticas, si no disponemos de unos contenidos, de un método, un aula, unos materiales y unas pautas sistematizadas para que el alumno pueda interiorizar el aprendizaje, tal y como se ejercita a los niños desde parvulario en aprender los números, o más adelante las tablas de multiplicar, el alumno (niño o adulto) con inmadurez mental usa el primer modelo que le viene a la cabeza y dice una mentira. Si nadie le ha enseñado a descubrir la causa y el efecto del engaño, y a interiorizar alternativas al hecho de mentir, la mente por sí misma actúa de manera indisciplinada, casi siempre reproduciendo patrones de otras personas: los padres, un amigo, el líder político, etc., y a lo largo de los años ese hábito negativo, que no ha sido aprendido de forma consciente y voluntariamente, es lo que perdura, y la persona no será capaz de utilizar alternativas para que se produzca una transformación de su conducta cuando tiene que hablar de algo que no le gusta admitir, algo que le incordia contar, o que le molesta tener que confesar. En realidad, si analizamos el origen de la mentira, nos daremos cuenta de que detrás de la mentira siempre se esconde una emoción de carácter negativo: culpabilidad, frustración, miedo, inferioridad, celos, encubrimiento, etc. La mentira no es más que la manifestación o la consecuencia de un mal mayor que tiene que ser superado y transformado.

Cuesta mucho cambiar un hábito, ya sea adquirido de forma consciente, o inconsciente. ¿A que ninguno de nosotros conseguiría ponerse a escribir de repente siguiendo el patrón derecha-izquierda?, ¿por qué no? Porque se trata de un hábito, de una destreza, de un aprendizaje sistematizado, que no se ha adquirido un día por casualidad. Es el fruto de muchísimas horas de práctica, en la que han intervenido no solo el factor motriz sino una serie de destrezas interrelacionadas, que nuestro cerebro ha esquematizado de una forma inconsciente, como si se tratara de un acto reflejo. Para cambiar esa información tendríamos que hacer el proceso inverso que hicimos al aprenderla, y emplearíamos el mismo tiempo en deshacerla. Tan difícil es para una persona que escribe de izquierda-derecha comenzar a escribir de derecha-izquierda, como para una mente que está acostumbrada a mentir dejar de hacerlo.

Para llegar a erradicar estos errores de la mente, hay que hacer un listado de cuáles son los aprendizajes y objetivos que han de tenerse en cuenta dentro de esa asignatura llamada madurez mental, hacer un diseño de cómo se quiere y se debe actuar, de forma consciente y voluntaria, antes de que el patrón erróneo se haya enquistado y sea más difícil de erradicar. Esta teoría me llevó a percatarme de que la mente por sí misma se tiene que concebir como un órgano muy importante porque de ella dependen muchas de las destrezas básicas para desarrollar nuestras actividades vitales, tales como la memoria, la percepción de los sentidos, la concentración, el equilibrio, el razonamiento, la capacidad de relacionarse, la comprensión, el raciocinio, etc. A modo comparativo, la mente humana sería equivalente al motor de un coche. Si cuando tenemos un coche no engrasamos nunca el motor, porque al encontrarse encerrado no lo vemos y creemos erróneamente que la energía está en las ruedas, porque es la parte del coche que vemos correr, tendremos una información equivocada, al no preocuparnos del motor en sí mismo, al no engrasarlo, ni dispensarle los cuidados necesarios, dejaremos que el motor se pudra y se oxide. Si el motor no funciona, las ruedas no nos servirán de nada. Este ejemplo es muy ilustrativo: nos pasamos horas engrasando la carrocería exterior de nuestro cuerpo: hacemos deporte, nos cortamos el pelo, nos bañamos, leemos libros, vemos películas, hablamos, nos reímos, comemos productos bajos en colesterol, nos vestimos ropas limpias, etc. Sin embargo no nos preocupamos de dedicar el tiempo diario para ejercitarnos en las destrezas propias para que nuestra capacidad mental se desarrolle adecuadamente, se mantenga, y vaya en aumento. Como se trata de un motor que es invisible a los ojos, nos olvidamos de que existe. Como no podemos levantar la carrocería, no podemos palpar la mente, de forma tan evidente, como podemos tocarnos una pierna y ver si el músculo está fuerte, o si por el contrario se nos ha vuelto flácido y necesitamos ejercitarlo. Quizás sería importante recordarnos a diario que si nuestra pierna anda, no es una consecuencia directa de la pierna en sí misma, sino porque la mente pasa órdenes a la pierna para que esta se ponga en movimiento. Si no cuidamos de nuestra mente de forma continuada, la mente no va a evolucionar por sí misma, contrariamente, va a involucionar y a deteriorarse, y un día será incapaz de continuar dando órdenes a la pierna para que ande.

Un día descubrí que había diseñado una teoría y una práctica completamente nueva en el mundo de la pedagogía aplicada. Comencé dando prioridad a trabajar el tema de las virtudes, los valores, la ética y las disciplinas, basándome en todas aquellas técnicas que priorizaban el respeto al individuo de manera notoria, y lo trabajé con el mismo rigor y la misma seriedad que se les da a otras asignaturas. Poco a poco conseguí enlazar unas prácticas con otras, hasta darle forma a una nueva manera de enseñar. Al cabo de los años, cuando obtuve la financiación para materializarla totalidad de mis ideas y pude integrarlas en el currículo de nuestras escuelas en forma de espacios específicos, equipamientos, actividades y materiales, me di cuenta de que lo que se practicaba en nuestras escuelas fascinaba a cuantos extranjeros visitaban los proyectos: españoles, ingleses, franceses, japoneses, alemanes, etc. Tomando como ejemplos algunos de los principios que se establecen en los párrafos anteriores, pude constatar que:

  1. Aunque «La Pedagogía Transformadora» que yo había creado se originó y se desarrolló en Nepal, con el objetivo de mejorar las vidas de niños desfavorecidos, está basada y documentada sobre la teoría de ilustres eruditos que han estudiado el funcionamiento de la mente humana desde diferentes ángulos, pertenecientes a diferentes países, religiones, filosofías, teorías científicas, pedagogías, etc.
  2.  Teniendo en cuenta que la maduración mental es un aprendizaje que deberían adquirir todos los seres humanos, sin exclusión de ningún tipo, este método de aprendizaje es una herramienta aplicable a cualquier individuo, de cualquier edad, en cualquier país del mundo, sin ningún tipo de discriminación.

ESTUDIAR Y CONOCER LA MENTE

El estudio y el conocimiento de la mente humana como medida para conservar el equilibrio y conseguir la madurez mental es una práctica que debe fomentarse desde la primera infancia en las escuelas para asegurar el desarrollo armónico de la persona.

 Una mente bien equipada garantiza la adquisición de los hábitos de estudio, las disciplinas, la práctica de las virtudes, la formación del carácter, la resolución de conflictos, las relaciones familiares o sociales, la estabilidad emocional, y lo que es más importante: ayuda a las personas a ser más felices. Un bebé sano, al nacer, posee una mente perfectamente equipada para poder resolver cualquier problema relacionado con su mundo, eso no es motivo para pensar que los niños están en posesión de una mente madura y equilibrada, y así olvidarnos de su adiestramiento. Aunque nunca pueda hablarse en términos generales, si analizamos la conducta de un niño nos daremos cuenta de la verdadera naturaleza de la mente infantil: egocéntrica, instintiva, impulsiva, posesiva, inestable, agresiva, vengativa… (Véase el estudio sobre La educación de la voluntad-Pensamientos acerca de la educación de John Locke, págs. 143-144, Ediciones Akal, Madrid, 1986).Desde que nacemos se nos prepara para que tengamos experiencia en varias disciplinas sin las cuales nos sería imposible sobrevivir: familiares, pediatras y pedagogos implementan las técnicas más avanzadas para que los bebés aprendan a caminar correctamente, hablar idiomas, utilizar los cubiertos en la mesa, controlar los esfínteres, aprobar exámenes, y una larga lista de destrezas hasta que adquieran la madurez necesaria en cada una de ellas. ¿Qué pasa, sin embargo, con las habilidades que nos ayudan a desarrollarla armonía y la madurez de la mente? Somos tan ingenuos que nos pensamos que la madurez mental ya la poseemos cuando nacemos, y que el equilibrio de nuestras funciones mentales va a ser permanente y de por vida. He trabajado durante 26 años en diferentes centros educativos de varios países ricos y de países pobres y he observado que la gran mayoría de las veces, cuando se elaboran los planes educativos, se ignora que para conseguir una madurez mental y mantener un buen equilibrio hace falta diseñar un plan curricular paralelo al que se utiliza para aprender a multiplicar. De este modo los niños interiorizarán aquellas técnicas que van a ayudarles a transformar el egocentrismo en empatía, el impulso en intuición, la agresividad en tolerancia, la inestabilidad en armonía, la posesión en desapego, el odio en compasión, y la venganza en perdón, o como describe el erudito Andrés Manjón y Manjón en el discurso de apertura de la Universidad de Granada 1897-1898: «Siendo educar perfeccionar, menester será que la educación saque de los dones naturales, el mayor partido posible, desenvolviéndolos, adornándolos, ennobleciéndolos, y dirigiéndolos a los altos fines para que están ordenados, a fin de que en el hombre venzan el saber a la ignorancia, la razón a la pasión, el deber al placer, y siempre que haya conflicto entre el bien y el mal, el hombre sea hombre y no bestia». Trabajar en esta línea es de vital importancia si queremos que las personas adquieran una doble responsabilidad: la técnica y la humanitaria. Sin esta filosofía volveremos a caer en las redes de profesionales y estudiosos de gran capacidad intelectual, pero de limitado calibre humano y moral. Por desgracia, en muchas ocasiones nos hemos preguntado cómo personas de una gran preparación intelectual, se han degradado hasta extremos incomprensibles, poniendo en práctica acciones absolutamente abominables desde cualquier punto de vista ético o moral.……………………………………………………….

Aunque son muchos los componentes que configuran este método, hay tres PRINCIPIOS BÁSICOS que destacan por encima de los otros:

IDENTIFICAR

Significa darse cuenta de lo que sucede en cada momento, percibir lo que sucede a nuestro entorno, darse cuenta de nuestras emociones, nuestro estado de ánimo, del flujo de nuestros pensamientos, significa estar alerta, ser consciente de la causa y efecto de todo lo que pensamos, decimos y hacemos. En pedagogía promover el hábito de identificar significa hacer al alumno consciente de su propio aprendizaje, independizándolo de las críticas o aprobaciones del maestro, vinculando los conceptos que se aprenden en el aula a la propia vida y a su evolución personal.

INTERIORIZAR

Identificar y detectar es muy importante, pero no es suficiente para modificar un comportamiento, establecer un hábito, o cambiar una rutina. La identificación implica sólo una acción pasiva: es una acción que se atribuye a nuestro pensamiento. La interiorización y la transformación, aun así, requieren un esfuerzo mental, y unas destrezas prácticas que se materializarán en acciones, transformaciones y cambios tangibles. En pedagogía la interiorización de un concepto va ligada al aprendizaje significativo, y a la frecuencia en que se utilice el mencionado concepto. Cuando alguien interioriza una teoría, una destreza, o una idea, significa que la hace suya, que puede reproducirla siempre que sea necesario, que no se olvida con el paso del tiempo y se lleva como una segunda piel.

TRANSFORMAR

El tercer paso sería capacitar al niño para que aprendiera a diseñar el camino de su propia evolución, dotándolo de las herramientas necesarias para mejorarse a él mismo Paralelamente el niño aprenderá los mecanismos para llevar a cabo las mejoras que se podrían operar en su entorno más inmediato: familia, escuela, barrio. El niño que ha crecido en este entorno se convertirá en un adulto preparado para transformar positivamente el país donde habita, el continente al cual pertenece, y el mundo donde vive.     Estos principios básicos se van desarrollando a partir de ejercitar una técnica que denomino CONCIENCIA MENTAL, y que se aplica de manera rutinaria hasta que el individuo lo interioriza hasta llegar a adquirir un estado de observación consciente y una alerta mental constante. La Pedagogía transformadora considera la mente como un elemento esencial en el aprendizaje,  porque de ella dependen muchas de las destrezas básicas para desarrollar nuestras actividades vitales, tales como la memoria, la percepción de los sentidos, la concentración, el equilibrio, el razonamiento, la capacidad de relacionarse, la comprensión, el raciocinio etc. En el área de la pedagogía aplicada esta filosofía considera a la mente en sí misma como una asignatura, y la adquisición de la madurez mental como un proceso. Para ello, trabaja de forma prioritaria las virtudes, los valores, las disciplinas y el respeto al individuo, y se le dedica el mismo tiempo que a otras asignaturas importantes del currículo.   Estas prácticas no son opcionales ni extra-curriculares sino que están integradas dentro del currículo educativo como una asignatura más; en forma de espacios específicos, equipamientos, actividades, y materiales. Teniendo en cuenta que la maduración mental es un aprendizaje que deberían adquirir todos los seres humanos, sin exclusión de ningún tipo, este método es una herramienta aplicable a cualquier individuo, de cualquier edad, en cualquier país el mundo, sin ningún tipo de discriminación.

Dónde se puede estudiar?

 En la UNED, a través de los cursos que lleva a cabo a través de su plataforma online y los Seminarios Presenciales impartidos por Victòria Subirana,